Los paseos en calesa en Marrakech son una opción a la orden del día para los turistas de la ciudad, como no tardarás en darte cuenta durante tu viaje. Y resulta un plan atractivo por diferentes razones. En este post te explicamos por qué puede ser interesante subir a bordo de estos carruajes y disfrutar de una visita por la ciudad de esta manera.
Atractivo 1: el recorrido a bordo
No cabe duda de que entrar en la medina y perderse por sus callejones es todo un aliciente para muchos. Pero ese es un plan que debe realizarse, inevitablemente, a pie, por la estrechez de las calles. En cambio, fuera de la medina, las calles se ensanchan, permitiendo puntos de vista más amplios y desahogados. Desde una calesa se pueden divisar muchos monumentos históricos, ya sea de cerca o en la distancia, entre los que cabe destacar sus murallas rojas con puertas antiguas como Bab Agnaou o el siempre esbelto minarete de la mezquita de la Koutoubia. Además, es habitual circular por el Gueliz, el barrio moderno de Marrakech, donde la calesa compartirá calzada con los vehículos de última generación.
Atractivo 2: las paradas
El atractivo de un paseo en calesa por Marrakech no sólo está en el panorama que se divisa a bordo, sino también el que se puede disfrutar una vez se pone pie en tierra. Dependiendo de la duración del servicio, estos paseos suelen incluir diferentes paradas para ver a pie determinados lugares de interés, que a menudo resultan demasiado distantes entre sí para integrarse en una caminata. Es habitual que esas paradas se den en los jardines históricos de la ciudad, como son los de Menara y el de Majorelle, tan distintos entre sí: los primeros, del siglo XIX en un recinto almohade de gran amplitud; y el segundo, de espectacular exuberancia en torno al vistoso palacio azul del mismo nombre, creados en el siglo XX.
Atractivo 3: el caballo
Un paseo en calesa por Marrakech se presenta como un plan perfecto para los amantes de los caballos: estos nobles y puros animales muestran toda su belleza y bondad a quienes se suben a bordo. Y los más avezados observadores sabrán admirar sus cualidades y su pedigrí. Y es que Marruecos ha sido y es un país de gran tradición ecuestre, como demuestran sus razas autóctonas, como la bereber, y los numerosos eventos en los que participan estos animales, como la Tbourida, un espectáculo declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, que se representa en moussems como las de Tan Tan, Rabat y otras ciudades.
Atractivo 4: la calesa
Por último, la calesa en sí misma puede ser también un atractivo más de la experiencia. Estos carruajes suelen tener capacidad para 4 ó 6 personas y están hechos en madera, a menudo de cedro, el árbol ‘nacional’ de Marruecos. Nos remontan a una época pretérita en la que no había coches a motor y los miembros de la alta sociedad debían trasladarse en estos vehículos no contaminantes y que han encontrado en el sector turístico una segunda vida. Suelen tener capota desplegable para poder proporcionar sombra en los días más calurosos y soleados, y los asientos suelen disponerse enfrentados, de tal manera que los pasajeros pueden verse las caras y dialogar durante el trayecto. Una experiencia que, sin duda, suele ser del gusto de los niños, no acostumbrados a montar en un vehículo de este tipo.
En suma: darse un paseo en calesa por Marrakech puede suponer un plan atractivo para familias y parejas que desean añadir un toque pintoresco al viaje y admirar la ciudad desde otro punto de vista.