Estación de tren de Kenitra: otra joya de la arquitectura contemporánea en Marruecos

La estación de tren de Kenitra es otra joya de la arquitectura contemporánea del país. En este blog ya hemos tratado algunas de ellas, como el aeropuerto de Menara, en Marrakech. Y lo seguiremos haciendo, pues son el mejor reflejo del Marruecos de hoy: con vocación innovadora de futuro pero al mismo tiempo, sin renunciar a las tradiciones, en este caso a la arquitectura árabe. En las siguientes líneas te contamos por qué esta estación ferroviaria se ha convertido en todo un icono de la ciudad.

Un poco de contexto

Kenitra no es precisamente una ciudad muy turística, hasta el punto de que suele estar ausente de los circuitos e incluso de las guías turísticas. Aunque algunos vestigios arqueológicos nos hablan de cercanos poblamientos antiguos y prehistóricos, lo cierto es que la ciudad actual fue fundada muy recientemente: en 1912, en tiempos del Protectorado Francés, principalmente con fines militares.

Esa ausencia de arquitectura antigua y, sobre todo, su diseño innovador han convertido a la estación de tren de Kenitra en todo un símbolo local. La ciudad tiene un tamaño mediano, de medio millón de habitantes, aproximadamente, y se beneficia de su relativa cercanía a Rabat (50 km), la capital. Todo ello fue decisivo para que Kenitra fuera incluida en la primera línea de alta velocidad del país, Al Buraq, motivo por el que se construyó esta moderna estación de tren.

Cómo es la estación de Kenitra

El proyecto de la estación de tren de Kenitra fue obra del estudio italiano de arquitectura de Silvio d’Ascia, con colaboración local del estudio Omar Kobbité Architects. Y giró en torno a diferentes ideas, en las que primaba la sencillez y la funcionalidad. Es por ello que, en líneas generales, cuenta con volúmenes amplios y puros, con un interior diáfano que facilita los movimientos en el interior y potencia el efecto visual de la mencionada amplitud.

Cómo no, Silvio d’Ascia tenía claro que esta obra contemporánea tenía que enlazar con la tradicional arquitectura islámica. Y lo consiguió con un recurso igualmente sencillo y muy efectista: la moucharabieh. Con esta palabra se conoce a las ventanas-mirador de las viviendas privadas, que cuentan con una celosía de entramado geométrico. Se utilizaba habitualmente en las ventanas que daban a la calle, pues tiene un efecto doble: permite a las personas ver lo que pasa en el exterior pero sin ser vistas desde fuera.

Además, el entramado geométrico de la celosía está en perfecta sintonía con la decoración de azulejos y yeserías, omnipresente en la arquitectura islámica. Y produce un efecto bello y sorprendente en el interior: al filtrar parcialmente la luz, por todos los lados de la estancia (paredes y suelo) se proyecta un juego de sombras de lo más sugerente. 

Eso se consigue en esta estación de tren de Kenitra, compuesta por una enorme red acristalada de triángulos de hormigón reforzado con fibra. El acristalamiento y la combinación de luz y sombra permiten una regulación térmica interior, para lograr una temperatura agradable en invierno. En época cálida, en cambio, permite la circulación de aire, por lo que dicha ventilación contribuye también a la regulación de la temperatura.

La cuestión urbanística

Por último, decir que la estación de tren de Kenitra también ha tenido en cuenta conceptos urbanísticos de la propia ciudad: ha dispuesto un corredor peatonal que permite el tránsito de un lado a otro de las vías, pues el existente con anterioridad era angosto y lúgubre, y ha creado una gran plaza frente a la fachada principal, proporcionando así un gran espacio público a los ciudadanos, del que la ciudad carecía anteriormente.

Como ves, aunque Kenitra no tiene grandes monumentos antiguos, si eres amante del sector ferroviario y de la arquitectura contemporánea, puedes plantearte una parada larga en esta estación para admirar el proyecto en tu camino o de regreso a la ciudad de Rabat.

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